Qué es la renta fija
Para entender el funcionamiento de la renta fija, primero debemos definir tres elementos clave que se especifican en el momento de la emisión del título:
- El valor nominal: es la cantidad de dinero que prestas y que el emisor se compromete a devolverte.
- El cupón: es el interés que el emisor te pagará periódicamente.
- El vencimiento: es la fecha exacta en la que el emisor se obliga a devolverte el 100 % del capital que prestaste.
Una vez aclarado esto, y recalcando que este tipo de activo financiero se basa en la predictibilidad de sus flujos de caja, existen dos modelos principales de renta fija que debes conocer:
- Rendimiento explícito o cupón periódico: el emisor abona, de forma trimestral, semestral o anual, un porcentaje fijo sobre el capital invertido. Al vencimiento, el inversor recibe el último cupón junto con la devolución íntegra del principal.
- Rendimiento implícito o emisión al descuento: no existen pagos periódicos. La rentabilidad surge de adquirir el título por un precio inferior a su valor nominal y recibir el importe completo al vencimiento.
Una vez que adquieres un bono, tienes dos opciones: mantenerlo hasta su vencimiento, cobrando todos los cupones pactados; la segunda es venderlo antes en el mercado secundario. Aquí es donde entra en juego el riesgo de tipos de interés.
Si los tipos de interés en el mercado han subido desde que compraste tu bono, los nuevos bonos ofrecerán mayores intereses, por lo que el tuyo resultará menos atractivo y su precio caerá. Si, por el contrario, los tipos bajan, tu bono, con su cupón más alto, se vuelve más valioso y podrás venderlo con una plusvalía.
Ejemplos de renta fija
En España, el ecosistema de renta fija es amplio y accesible, y ofrece opciones para todos los perfiles:
- Letras del Tesoro: son formas de deuda pública a corto plazo (3, 6, 9 y 12 meses). En el momento de la redacción de este artículo, ofrecen rentabilidades de entre el 2,11 % y el 2,64 %.
- Bonos del Estado: deuda pública a medio plazo (2 a 5 años), con cupones periódicos explícitos.
- Obligaciones del Estado: deuda pública a largo plazo (10, 15 e incluso 30 años). A principios de año, el bono español de referencia a 10 años ofrecía una rentabilidad en torno al 3,3 %.
- Bonos corporativos: emitidos por empresas para financiar sus operaciones. Suelen ofrecer un mayor rendimiento (diferencial de crédito) frente a la deuda pública para compensar el riesgo de crédito.
- Pagarés de empresa: instrumento de deuda corporativa a corto plazo (habitualmente inferior a 12–18 meses), destinado a cubrir necesidades de capital circulante.
- Cédulas hipotecarias: específicas del sector bancario, con doble garantía: la solvencia del emisor y el conjunto de activos hipotecarios que respaldan la emisión.
Si ninguna de estas alternativas encaja con tus necesidades de planificación patrimonial o de inversión estructurada a largo plazo, puedes complementar la inversión tradicional en renta fija y variable explorando soluciones que combinan inversión y planificación aseguradora.
Por ejemplo, el Unit Linked Explora de Mutualidad es un seguro de vida individual de ahorro, clasificado como producto de inversión basado en seguros (IBIP), en el que el tomador asume íntegramente el riesgo de la inversión.
Las primas aportadas se asignan a cestas de inversión diversificadas (con diferentes perfiles de riesgo, desde renta variable hasta activos conservadores), al que se suma, además, la protección adicional de una cobertura por fallecimiento.
Qué es la renta variable
La renta variable es un tipo de inversión en el que compras acciones (valores participativos negociables) y adquieres una fracción del capital social de una empresa, asumiendo el rol de socio capitalista.
A diferencia de la renta fija, aquí no existe ni una rentabilidad garantizada ni una fecha de devolución y el riesgo de inversión recae sobre el mutualista o tomador del seguro. Tu rentabilidad procederá de la posible revalorización de la acción y del cobro de dividendos.
Cómo funciona la renta variable
Tal como hemos mencionado anteriormente, el funcionamiento de la renta variable se apoya en dos pilares:
- Dividendos: la porción del beneficio neto que la empresa decide repartir entre sus accionistas. A diferencia del cupón de un bono, el dividendo es discrecional, por lo que puede incrementarse en épocas de bonanza o suspenderse de forma fulminante ante una crisis sectorial.
- Plusvalía (apreciación del capital): es el incremento del valor de tus acciones en el mercado. Si la empresa crece, mejora sus márgenes y aumenta sus beneficios, su valor intrínseco también aumenta. La rentabilidad se materializa cuando vendes tus acciones a un precio superior al que las compraste.
En el corto plazo, el precio de las acciones puede ser muy volátil, arrastrado por las noticias y el sentimiento de mercado. A largo plazo, la cotización actúa como una balanza que refleja la capacidad real de la empresa para generar flujo de caja.
En este contexto, en el que la rentabilidad de la renta variable depende en gran medida de la capacidad del inversor para gestionar la volatilidad, Unit Linked Explora resulta especialmente interesante si buscas combinar crecimiento a largo plazo con una planificación financiera más estructurada.